Despiezamos pollos en la cámara de trabajo (17º C) y aparece un tipo que he visto alguna vez. No sé quién es. La profesora le dice que queremos saber a dónde van las terneras para no comprar allí, en clara referencia al Glorioso Viernes de la Ternera Caducada. Se trata del transportista. Nos dice que van a restaurantes y hoteles. Hoteles caros.
Mientras más estrellas tiene el hotel, dice, más barato compra. Y si durante el transporte se cae al suelo algún pedazo de carne, continúa, e incluso si se pisotea, eso no se tira. De vuelta con el resto.
Algunas chicas no están cómodas ante la perspectiva y gesticulan de asco. Yo sonrío al transportista, y él me sonríe a mí. Me acuerdo de los resfriados y de que no llevamos mascarilla.

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